| EDITORIAL
No tengáis miedo
Ha muerto
el Papa. Torrentes de tinta han llenado las páginas
de los periódicos para acercar, aun más,
su imagen, su vida y su obra. Su rostro marcado
por el dolor y la impotencia, ha entrado en nuestras
vidas provocando la admiración y la reflexión
en torno a esa actividad desarrollada a lo largo
de sus 27 años de Pontificado. Sabíamos
de sus viajes, tan arriesgados muchas veces, de
sus encuentros multitudinarios con jóvenes
de todo el mundo, de su valentía al romper
barreras ofreciendo sus brazos abiertos a los representantes
de otras religiones, de su riesgo, incluso físico,
al visitar países que rechazan o ponen grandes
obstáculos a los practicantes católicos;
sí, conocíamos todo eso, pero ha sido
en estos días cuando, sumando kilómetros,
nos hemos dado cuenta de los increíbles resultados
de tanta actividad: en la Plaza de San Pedro, ante
un humilde féretro de madera, han inclinado
su frente en señal de respeto las máximas
autoridades mundiales. Respeto, admiración
y una profunda emoción han sido el denominador
común de los rostros que nos han mostrado
las pantallas de todas las televisiones; y a esas
personas anónimas, a esos personajes públicos
que no han escondido sus sentimientos, la CECE quiere
unirse para poner de relieve lo que consideramos
principios irrenunciables que Juan Pablo II defendió:
La Libertad en todos los ámbitos, la justicia
social que derriba los muros de desigualdad, y la
Paz en cada persona, en cada familia, en la sociedad
y en el mundo entero.
Corren tiempos muy difíciles
para la educación española; las corrientes
laicistas quieren imponer una sociedad carente de
valores, inmersa en la adquisición de bienes
materiales y atada a la permisividad como vía
de eliminación de problemas. Por eso en este
momento, familia, escuela y sociedad deben reflexionar
sobre el significado de coherencia entre lo que
hacemos y lo que queremos conseguir, recordando
lo que significa “formación integral”
de nuestros alumnos. Pero la coherencia hay que
saber defenderla con valentía, manteniendo
intactos los principios que deben ser el motor de
nuestra vida, de nuestra actividad; haciéndolo
así, conseguiremos el respeto incluso de
aquellos que no piensan como nosotros. Retomemos
el ejemplo del Papa.
Desde la CECE, asumimos su mensaje:
NO TENGÁIS MIEDO. Siempre es tiempo de esperanza.
Isabel
Bazo Presidente de la CECE
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