EDITORIAL
EL IMPUSO DE
LA CECE
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Isabel Bazo Sánchez.
Presidente de CECE
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Desde el 17 de enero último, los
días pasan vertiginosamente ante mi mesa abarrotada de
temas importantes. Todos ellos precisan atención; unos
de forma inmediata y otros, a medio y no muy largo plazo: llamadas,
correos, reuniones, negociaciones, proyectos de legislación,
opiniones para los medios... La CECE vive, pujante, toda la actualidad
relacionada con el mundo de la educación. La CECE es como
un tren en marcha al cual me he visto obligada a incorporarme,
ocupando un lugar en la máquina, sin que reduzca su velocidad
por ello.
Atrás quedan
los momentos amargos que hemos vivido con la larga enfermedad
de Félix Falcón; nos está costando reponernos
del golpe de su pérdida, y la añoranza nubla nuestras
miradas con mucha frecuencia...
Pero en la CECE
late la vida, y su latido se oye en todo el territorio español,
desde los Pirineos hasta las Canarias, pasando por Ceuta y Melilla;
su presencia es patente en todos los niveles de la enseñanza
no universitaria y su voz se eleva ante todos los estamentos educativos.
La CECE es nuestro impulso y el gran reto que tengo que afrontar
desde la Presidencia.
Soy consciente
de la responsabilidad que debo asumir; sin embargo, no me asusta
la tarea, porque cuento con la confianza, la colaboración
y el apoyo de todos los miembros de la Asamblea General y, de
forma especial con los del Comité Ejecutivo, que son mis
grandes valedores.
Y en lo cotidiano,
mi soporte es ese gran equipo humano, competente y entregado,
que facilita mi quehacer y mi aprendizaje en esta mi nueva actividad
como presidente de la mayor organización empresarial de
la enseñanza privada.
Para todos ellos,
mi sincera gratitud, y mi compromiso de seguir velando para que
los objetivos, claros y rotundos, de la CECE se mantengan dando
sentido a la obra y dedicación de mis antecesores, Angel
Martínez Fuertes y Félix Falcón.
Confío en
vuestra ayuda y comprensión.